00:24 h. Sábado, 25 de Noviembre de 2017

Pinares Noticias

Chusja Andrés

Señoras y señores: España nos roba

Desde Navaleno

Chusja Andrés | 16 de Octubre de 2017


España nos roba. La que llamamos Suerte de Pinos se está convirtiendo en una pesadilla entre pinares.


Sufrimos una presión fiscal desproporcionada por un derecho heradado de un privilegio concedido a nuestros antepasados. La Hacienda Pública ha entrado a saco en la venta de la madera. Se lleva el dinero pero no invierte el dinero en el mantenimiento  y conservación de los montes. Estamos pagando desde las masas forestales el rescate a los bancos, las jubilaciones anticipadas a los operarios de bancos ya  rescatados y las vacaciones de los pensionistas que en su dia trabajaron en la  banca.

España nos roba. Nos quita el oxígeno que abunda en estas tierras. Somos cuna de depuración, Los  montes de esta comarca hacen de sumideros de CO2. No contaminamos, y encima pagamos. Observamos con alegría como llega la gente a disfrutar de estos parajes, pastan y retozan entre pinos, robles, hayas o sabinas sin que el Gobierno de turno  haga nada por compensar lo que desde aquí se oferta como menú diario al precio que, indirectamente hacia los montes, pueden pagar los usuarios por servicios que reciben en forma de alojamiento, restauracion y ocio.

España nos roba. Se lleva las infraestructuras y servicios  a otras zonas. Aquí no contamos, no pactamos con el gobierno de turno. Nuestro voto vale menos.De trenes ni autovías ni hablamos, pero ni siquiera se puede garantizar el uso de las nuevas tecnologias sin problemas en los  pueblos del entorno. ¿Cómo vamos a ocupar los polígonos?. Todavía nos tenemos que subir a los altos, con teléfono móvil en la mano, para lograr la cobertura idónea con la que poder hacer  algo tan sencillo como hablar. Problemas en la señal televisiva, carencias constantes en la cobertura de la radio. La banda ancha aquí se hace  más estrecha, sinuosa y casi liberíntica 

España nos roba. Se nos lleva a la gente a lugares industrializados, polos de desarrollo que se potenciaron a mediados del pasado siglo y que con el paso de las décadas se han ido haciendo más grandes, con más oferta de empleo, y con más gente. Nos deja sin manos de obra, que la tenemos en un ejambre de pisos de nuevas zonas residenciales. Nos quita a los futuros niños. Nos hace cerrar las escuelas. Nos deja desolados al ver cómo los hijos y nietos de estos emigrantes enarbolan banderas independentistas por sentirse diferentes, y reniegan de su lugar de procedencia pueblerino y paupérrimo. Nos mengua la capacidad de procrear. Nos deja con un futuro incierto.

¿Qué? ¿Nos hacemos?.

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